lunes, 23 de marzo de 2015

Hace un año...

23 de marzo. Hoy hace justo un año. Hoy hace justo un año llegó su momento. Adolfo Suárez, el político más importante en la historia de España,  inició su transición y se marchó. España tuvo que esperar a la llegada al gobierno de un hombre sencillo, de valores  y comprometido con todos y cada uno de los españoles, para despegar. Un hombre dispuesto a dejarse la vida por su país. Ese joven abulense que estudió Derecho en  Salamanca, la ciudad de las letras.

El  primer político que tenía un proyecto firme, que aparcaba el terror y la represión vividas durante el régimen franquista, durante aquellos fatídicos 40 años en los que la sociedad española se vio abocada al silencio, a ahogar sus voces, a callar.  

Adolfo llegó con las mejores intenciones, sin duda, fue una inyección de aire fresco a un sector político que estaba tan podrido o más que el de ahora.  Y es que los políticos llegan al poder no con la intención de hacer progresar al país y ayudar a sus ciudadanos, sino con la intención de lucrarse a costa de todos, y luego tirar de ironía y sarcasmo para asegurar que todo lo hacen por el bien del país ¡No se lo creen ni ellos!

Adolfo llegó con un tono calmado y en son de paz, solo quería poner un poco de orden en el desorden. Muchos pensaron que sería uno más, un político como el resto, que pasaría sin pena ni gloria. Pero no. Se equivocaron. De haber sido así, no estaríamos hablando de él en estos momentos. Adolfo vino para quedarse, y solo el Alzheimer pudo alejarlo de lo que más le gustaba: la política.

El Adolfo político fue peculiar como lo era su personalidad. Se rodeó de los mejores, y supo alcanzar el consenso en la discrepancia, logró moderar los acalorados debates que se venían viviendo desde el franquismo entre las diferentes tendencias políticas. Suárez fue capaz de liderar la etapa más delicada de la historia española, la transición, un proceso que no solo supuso el paso de una dictadura a una democracia, sino el cambio de mentalidad en la sociedad. Pero Adolfo lo hizo fácil, con el menor número de damnificados.

Hoy todos recuerdan la figura de un hombre, un padre, y un grandísimo político  que fue capaz de sacar del pozo al país. Es su día y aunque no lo pueda ver, Adolfo siempre vivirá en la memoria de todos y cada uno de los españoles, más allá de las ideologías; desde los jóvenes hasta los mayores. Hoy España recuerda a un político, pero sobre todo a una persona que supo ganarse al pueblo español.


domingo, 22 de marzo de 2015

Frágil memoria

Olvidadizos, despistados, distraídos… desmemoriados, diría yo. Cuantas veces nos hemos olvidado de una fecha importante, de una fecha que teníamos rodeada en rojo en nuestro calendario. Y si no recordamos esas fechas señaladas, no es de extrañar que nos olvidemos por completo de los que están a cientos de kilómetros. Hablo de las miles de personas que todavía se ven obligadas a luchar contra el ébola.

Sí, aquí ya estamos tranquilos porque nos hemos zafado de aquello que creó el pánico en nuestras tierras y que copaba portadas de periódicos, telediarios y boletines de radio. Nosotros, los que decimos vivir en países desarrollados, estamos envueltos en el caos del trabajo, en el no parar, en el no tener tiempo para mirar al que tenemos enfrente y además, tenemos que pelear contra problemas que se nos han ido de las manos y que han convertido la sociedad occidental en la civilización incivilizada: el reino de la corrupción, un mar en el que los tiburones nadan a sus anchas, una selva en la que las fieras son las reinas, un lugar en el que impera la ley del más fuerte. Ante esta situación, yo me hago una pregunta: ¿y si nos dejamos de mirar tanto el ombligo y miramos un poco más al otro?

Hace unos meses,  nuestro mayor temor era contagiarnos de ébola y ahora… ahora ya parece que el ébola no existe. Quizás lo que no sepamos es que en países como Guinea o Sierra Leona, el ébola sigue causando estragos y ya son más de 10.000, las personas que han perdido la vida por esta enfermedad. Son muchos los niños que ven empañados sus ojos por las lágrimas mientras contemplan cómo sus seres queridos son poco a poco comidos por esa enfermedad que todavía no se ha logrado erradicar y que los civilizados de occidente hemos borrado de nuestra mente.

Así somos, irremediablemente frágiles de memoria.



domingo, 8 de marzo de 2015

Por nosotras

Porque sin las mujeres el mundo estaría mudo, ciego, sordo, cojo. Porque sin las mujeres el mundo estaría incompleto. Porque sin las mujeres el mundo... NO SERÍA LO MISMO.
Hagamos un brindis por aquellas mujeres que trabajan, aquellas mujeres que cuidan de los suyos, aquellas mujeres que aman, aquellas mujeres que buscan un porvenir mejor, aquellas mujeres que se superan, aquellas mujeres que se esfuerzan cada día como si fuera el último, en definitiva, hagamos un brindis por todas las mujeres del mundo. 
Abuelas, madres, hijas, hermanas, tías, primas, amigas, sigamos esta carrera de fondo y luchemos por la igualdad. 

Decid: ¡Yo soy mujer!