Menos de una semana le
ha bastado a Syriza y a su líder, Alexis Tsipras, para revolucionar el panorama
político europeo. Para unos la victoria de Syriza en las elecciones griegas
supone una esperanza para el cambio, una esperanza para derrocar a la “casta”.
Para otros es un paso hacia atrás, una preocupación añadida, el descontrol
total. Lo que está claro es que Syriza y
Tsipras están dando mucho de lo que hablar entre medios de comunicación,
políticos y ciudadanos de a pie.
Leyendo el programa
político de este partido, se pueden observar varios puntos, cuanto menos
curiosos, que sinceramente son bastante utópicos y que ya están teniendo sus
consecuencias. El nuevo Gobierno griego, que por cierto no cuenta con ninguna
mujer entre sus filas, no ha perdido el tiempo y ha lanzado las primeras
medidas, para “sanear las cuentas públicas y reajustar los presupuestos”, según
ellos.
La primera medida ha sido subir el salario mínimo hasta los 751 euros brutos mensuales. Esta decisión queda muy bien en el programa político y suena genial de cara a una sociedad griega que está dolida y que ha sido golpeada fuertemente por las meteduras de pata de sus políticos, pero es inviable, porque, ¿cómo es posible que Grecia suba el salario mínimo si acumula una deuda con otros países que asciende a miles de millones? (La deuda con España es de aproximadamente unos 26.000 millones de euros).
La primera medida ha sido subir el salario mínimo hasta los 751 euros brutos mensuales. Esta decisión queda muy bien en el programa político y suena genial de cara a una sociedad griega que está dolida y que ha sido golpeada fuertemente por las meteduras de pata de sus políticos, pero es inviable, porque, ¿cómo es posible que Grecia suba el salario mínimo si acumula una deuda con otros países que asciende a miles de millones? (La deuda con España es de aproximadamente unos 26.000 millones de euros).
Pero el programa reformista no termina ahí. La
Iglesia perderá sus privilegios fiscales; se nacionalizarán los bancos; se
ofrecerá sanidad pública gratuita para personas desempleadas; estas son algunas
de las medidas que Tsipras se ha propuesto sacar adelante. Todo esto suena muy
bien y es el sueño de cualquier ciudadano: bajadas de impuestos, adiós a la
corrupción o que todos los niños tengan algo que llevarse a la boca cada día.
¡Todo es maravilloso! Pero, ¿de dónde se van a conseguir los fondos para
financiar todas estas reformas?
Y eso por no hablar de
que en pleno siglo XXI, el recién formado gobierno griego no cuenta ni con una
sola ministra. ¿Qué le pasa al avanzado y progresista Tsipras? ¿Se le ha
olvidado que en su programa político prometió absoluta igualdad entre mujeres y
hombres? Bueno…. del dicho al hecho va mucho trecho y al parecer las palabras
se las lleva el viento.
Pero no perdáis de vista
a Grecia y a su nuevo Gobierno, porque este
ha sido solo el primer acto de la función.

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